¿Hablas español?

Sigue las vivencias de dos periodistas viajeros de BBC Mundo, mientras recorren Estados Unidos de extremo a extremo.

¿Hablas español?

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Español de la calle, español de la casa

BBC Mundo

Por: José Baig

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En la tarea semanal de explorar temas interesantes para esta columna, me encontré con dos cosas que me llamaron la atención. Una tiene que ver con el español que hablamos en la calle. La otra, con el que hablamos en la casa.

Ya hemos dicho otras veces que al vivir en Estados Unidos y estar en contacto con personas que hablan otras modalidades de nuestra lengua, es más o menos inevitable utilizar palabras en inglés.

Este uso de palabras en inglés va desde la inserción moderada de un vocablo aquí y otro allá, hasta la mezcla sólida de las dos lenguas. Lo que los expertos llaman el spanglish.

Precisamente sobre ese tema, leí en la columna "Ask a Mexican" (Pregúntale a un mexicano), de Gustavo Arellano, una pregunta y un comentario que intenta aclarar por qué los latinos terminamos hablando spanglish.

Una madre latina, por ejemplo, le grita a su inquieto retoño: "¡Jerry, be careful with the window, que te vas a caer, honey!".

La pregunta que le hacen a Gustavo en su entrega del 15 de mayo de este año es si otras comunidades de inmigrantes mezclan su idioma y el inglés de la misma manera que lo hacemos nosotros.

Gustavo empieza por aclarar que no cree en los custodios de Cervantes. Y explica que el spanglish es la prueba de que los idiomas están vivos y de que la cultura de los inmigrantes puede no sólo adaptarse sino también crecer y hasta enriquecer al país anfitrión.

Agrega que este aporte de los llegados de otros países es lo que hace que la cultura y el idioma de los Estados Unidos sean tan dinámicos.

Finalmente Gustavo Arellano recomienda tres libros: The American language (El idioma estadounidense) y How the Irish invented slang (De cómo los irlandeses inventaron la jerga urbana), de H.L.Mencken, y la nueva edición de Ask a Mexican, de su autoría.

No conozco el trabajo de Mencken, pero tengo la primera edición de Ask a Mexican y me animo a recomendarlo. Van a aprender mucho de cultura mexicana y latina en los Estados Unidos y, además, se van a divertir bastante.

Hasta aquí el español de la calle.

Sobre el español de la casa, quería contarles que esta semana me enteré de que el español que hablamos en casa se puede convertir en créditos académicos en casi tres mil universidades de Estados Unidos.

Se trata de un programa que existe desde hace varios años y que consiste en que los hijos de padres inmigrantes, los inmigrantes mismos, o cualquier otra persona que crea dominar el idioma, pueden demostrar sus conocimientos de español mediante un examen y recibir créditos como si hubiesen cursado la asignatura.

Se llama College Level Examination Program, es decir, Programa de evaluación a nivel universitario. CLEP, para los amigos más cercanos.

El CLEP concede un máximo de 12 créditos académicos a los estudiantes que obtengan una nota igual o superior a 66 puntos sobre un total posible de 80. La prueba dura unos 90 minutos.

¿Cuál es el pero? El pero es que sí, que cualquiera que cree saber español puede tomar el examen, pero -el nombre lo dice- el español que se evalúa tiene que ser de nivel universitario.

Es decir, el estudiante tiene que ser capaz de comprender e interpretar textos en nuestro idioma que tienen la complejidad de un artículo científico o una tesis de grado.

Ya les hablé alguna otra vez de una prestigiosísima académica de Nuevo México que no se atreve a usar su español en la universidad porque es el que aprendió en casa. Es decir, mucho más básico que el que puede manejar un universitario.

La prueba CLEP la han presentado 6 millones de personas en los 40 años de existencia del programa. Me imagino que alguna de ellas comprobó personalmente que para entrar a la univeridad no es suficiente con el español de casa.

Lo interesante es que este programa puede ser un estímulo para que los padres que intentan criar a sus hijos en un ambiente bilingüe tomen en cuenta que desarrollar un buen español, tiene que ir mucho más allá de las conversaciones de todos los días.

¿Qué pasó en la Casa Blanca?

BBC Mundo

Por: José Baig

noticia



Estimados empleados de la Presidencia de los Estados Unidos de América:

¿Qué pasó? En caso de que la foto que acompaña este blog todavía no les recuerde de qué estamos hablando, les refresco la memoria.

El sobre que estoy sosteniendo en mis manos lo enviamos al final de la gira "¿Hablas español?", que hicimos en abril entre Seattle y Washington, cruzando 18 estados.

A lo largo de esas tres semanas recogimos los testimonios y recibimos cientos de correos electrónicos con las aspiraciones y los sueños de los latinos de Estados Unidos.

El miércoles 18 de junio, el sobre regresó a nuestra oficina. Abierto. Y con un sello que dice: "devolver al remitente".

Con las medidas de seguridad que se han implementado desde los atentados del 11 de septiembre, entendemos que en la oficina desde donde despacha el presidente de Estados Unidos tengan que revisar minuciosamente toda la correspondencia que llega.

Pero ¿había necesidad de rasgar el sobre por un costado de mala manera? ¿Qué impedía abrirlo normalmente? ¿Era realmente imprescindible que el cassette de video que enviamos fuera sometido a quién sabe qué procedimiento que derritió el plástico y lo dejó completamente inservible?

Además, corríjanme si me equivoco, pero nos da la impresión de que nadie se tomó la molestia de leer la carta que acompañaba los mensajes y el video para saber de qué se trataba el asunto.

"Es una decepción", me dijo Carlos Ceresole, que produjo todos los elementos de video de la gira "¿Hablas español?". "Después de todo son ciudadanos estadounidenses que quieren que su gobierno los escuche", se lamentó Carlos.

Sí, señores. De eso se trataba. Latinos de distintos lugares del país diciendo qué es lo que esperan del próximo presidente de los Estados Unidos.

¿Qué había de malo en eso? ¿Qué fue lo que ameritó que nos devolvieran el sobre sin siquiera una explicación?

¿No les interesan las preocupaciones de los latinos? Si ese es el caso, el sobre estaba dirigido al próximo presidente de Estados Unidos, de modo que al menos debieron dejarle a él la decisión de ver los mensajes o descartarlos.

¿No les parece que devolver un sobre lleno de testimonios de latinos solo confirma la opinión de que esta minoría no es del interés de este gobierno y que por eso le dio la espalda durante ocho años?

De todas maneras, y a pesar de sus esfuerzos por que nuestro sobre no llegara a las manos del presidente, me satisface hacerles saber que el mismo sobre, con la misma carta, los mismos testimonios y el mismo video, se lo hicimos llegar a los candidatos presidenciales.

Hasta ahora, solo uno de los equipos de campaña se tomó la molestia de confirmar que lo recibieron. No les voy a contar qué candidato para no comprometer nuestra independencia, pero -créanme- el contraste es del cielo a la tierra.

Si no se tomaron la molestia de leer nuestra carta y los testimonios de cientos de latinos, dudo mucho que sí vayan a leer este blog.

Español made in USA

BBC Mundo

Por: José Baig

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Hace unos dos años, cuando un colega de la BBC inscribió a uno de sus hijos en una escuela de Miami, recibió un instructivo con las normas del centro.

En la sección correspondiente a la obligatoriedad de usar el uniforme, la versión en inglés del documento advertía que "this policy will be strictly enforced". "Esta póliza será estrictamente enforzada", era la traducción de la versión en español.

En realidad, lo que quería decir la frase en inglés es que la norma de usar siempre el uniforme se haría cumplir a rajatabla.

Por suerte para las autoridades de la escuela, el documento nunca cayó en las manos de Antonio Llano.

Por lo que he podido averiguar hasta ahora, Antonio Llano fue un escritor y traductor que vivió en Nueva York entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX.

De hecho, el título de este entrega no es mío, sino de Llano, quien encabezó así un artículo que escribió para el New York Times y que fue publicado el 4 de abril de 1916.

Se quejaba el intelectual en su trabajo del desdén con el que trataban los industriales estadounidenses de la época las traducciones al español de sus manuales, catálogos y anuncios publicitarios dirigidos a Latinoamérica. Y pone ejemplos.

"Este tema ha sido investigado por algunos de los escolares más destacados de Estados Unidos", decía una de las traducciones. La palabra que se había utilizado en inglés era "scholars", que quiere decir académicos, no estudiantes de primaria.

Otra traducción citada por Llano recomendaba que "los estudiantes de ingeniería mecánica visiten con frecuencia el supermercado". En realidad, el texto en inglés sugería que fueran al "shop", es decir, al taller.

"México está en el sur de los Estados Unidos", escribió otro traductor a partir de un original en inglés que decía -correctamente- que México está al sur de Estados Unidos.

La explicación de estos errores está en los "falsos amigos" y los falsos cognados" y otros vicios de los que tanto hablan los expertos en traducción.

Pero Llanos va más allá y dice que no se trata simplemente de equivocaciones razonables a la hora de traducir un texto, sino de que los industriales, en su afán de ahorrar, contrataban a personas poco instruidas para hacer este trabajo.

Su crítica no se limita al maltrato del idioma por el afán de lucro, sino que hunde todavía más el puñal y asegura que lo que había de fondo era simple altanería y desprecio de los estadounidenses hacia todo lo relacionado con América Latina.

"Los estadounidenses que piensan que este tipo de errores son aceptables en América Latina se equivocan de una forma lamentable. No son solo inaceptables sino que resultan ofensivos", escribe. Y no se detiene.

"Para algunos de estos señores, la unidad americana solo significa sacar más plata de los bolsillos de los latinoamericanos, pero maltratar de esta forma el idioma de sus clientes potenciales es una pésima forma de lograrlo".

Pero recordemos que Llano escribía esto en aquel lejano 1916, cuando Estados Unidos promovía la idea del panamericanismo. Si todos nos unimos, podemos hacer negocios entre nosotros y ser todos felices, era la teoría.

Como digo, era otros tiempos.

Presunto candidato

BBC Mundo

Por: José Baig

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En este negocio de las noticias, el tiempo lo es todo. O casi todo. Tenemos que decirle a la gente lo que pasa en el momento mismo en que pasa. O inmediatamente después.

Pero tembién tenemos que ser precisos. Es decir, tenemos que decir lo que pasa en el momento en que pasa y de la manera más exacta posible.

Pero a veces pasa que por preocuparnos por el tiempo nos olvidamos de la precisión y así pasan cosas como "el presunto candidato".

La frase, que parece el título de un cuento policial, apareció esta semana en una cadena de noticias en español para referirse a Barack Obama.

No se trata de un invento de los colegas de esa cadena sino una traducción apresurada del inglés "presumptive candidate", que se aplica a los candidatos que ganaron el proceso de elecciones internas pero que aún no han sido nominados oficialmente.

Los diccionarios en inglés y en español coinciden en que "presumptive" y "presunto" se refieren a "algo que se da por hecho".

Con lo cual, el término estaría bien utilizado en las dos lenguas. Porque se da por hecho que una persona que gana cualquier elección es la que va a ocupar el cargo que estaba en disputa.

Trasladada al terreno de la realidad -y sobre todo si hablamos de elecciones en Estados Unidos- esa afirmación tiene sus matices. Pero lo que nos ocupa ahora es la lengua y no la política. Aunque hablemos de las dos cosas.

Lo que distrae en esa traducción es que en los medios de comunicación en español hemos escuchado muchas veces la palabra "presunto" vinculada a hechos delictivos.

Siempre leemos o escuchamos "el presunto delincuente..." o "...el presunto autor material del asesinato de..." y así. Sólo cuando se habla de la presunción de inocencia la palabra tiene connotación neutra, ni siquiera positiva.

Pero parece que en inglés las cosas son diferentes y cuando le dicen "presumptive" a Obama o a McCain no los están señalando como sospechosos de nada, sino diciendo que los hechos indican que van a ser los candidatos presidenciales de sus respectivos partidos.

En el fondo, lo que tal vez resulta más raro de traducir "presumptive" como "presunto" es el hecho de que en español tenemos y utilizamos palabras para decir lo mismo sin necesidad de traducciones forzosas.

El virtual candidato, por ejemplo, es una solución aceptable. La Real Academia define virtual como implícito o tácito. Es decir -de nuevo- algo que se da por hecho.

En el lapso que transcurre entre la elección presidencial y la asunción hablamos del presidente electo. Lo cual también puede ser una solución en este caso. "El electo candidato del partido republicano...", etc.

Todavía falta cinco meses para que se sepa quién va a ser el próximo presidente del país más poderoso de la tierra.

Con lo complicada que ha sido la elección hasta ahora, y con una campaña presidencial en medio de crisis económica, energética y de vivienda, sospecho que "presunto" por "presumptive" no va a ser la última traducción apresurada que vamos a ver.

Estadounidenses y americanos

BBC Mundo

Por: José Baig

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Cuando voy a Caracas suelo caminar en la zona de Valle Arriba. Aparte de ser un buen ejercicio, por las subidas y bajadas, es un paseo muy agradable, en medio de casas elegantes y una vista hermosa de la ciudad y de El Ávila.


Aparte de quemar algunas calorías, también aprovecho la caminata matutina para servir de guía turístico a los que se pierden en los laberintos de los cerros caraqueños buscando la embajada americana.


Así me preguntan: "¿Dónde está la embajada americana?". Se refieren, claro, a la representación diplomática de Estados Unidos. Es decir, la embajada estadounidense.


Pero por alguna razón, la gente dice la embajada americana.


Lo mismo aquí en Miami, la gente se refiere a los descendientes de los inmigrantes cubanos como cubanoamericanos y dicen que a Fulano ya le salió la ciudadanía americana.


Claro, eso es colonialismo y la clásica manipulación imperialista a la que se dejan someter los "mayameros", reaccionan enseguida los que se proclaman latinoamericanistas y enemigos del imperio.


Sin embargo, ellos mismos gritan "qué tiene Fidel, qué tiene Fidel, que los americanos no pueden con él". Más bien gritaban. Americanos, dicen los menos sospechosos de haberse dejado manipular por la propaganda "gringa".


Mi punto es que tal vez el hecho de que a veces utilicemos "americano" y otras veces "estadounidense" debe tener más que ver con razones prácticas que con las posiciones ideológicas.


Claro, la Academia proclama que es un error utilizar americano por estadounidense. Pero ni los académicos en su inmenso saber dejan de decirle "americana" a la chaqueta que se usa en ocasiones semi-formales, al mejor estilo estadounidense.


Para horror de los entogados, el diario El País y la agencia EFE -los dos pilares del periodismo español- utilizan expresiones como "El piloto americano de Kawasaki...", "...agencias de fármacovigilancia americanas y europeas...", "...crianza en roble francés y americano..." y así.


Insisto, no estoy haciendo una denuncia de la falta de pureza en el léxico de mis colegas ibéricos, sino tratando de mostrar que a veces suena mejor utilizar americano en vez de estadounidense.


Además, hay ocasiones en las que el adjetivo americano ayuda a expresar un concepto. Fútbol americano, por ejemplo. Cuando se utiliza, está claro que nos referimos al deporte de las enormes hombreras y el balón ovalado.


Está también el café americano. No importa dónde nos lo tomemos. Lo claro es que cuando se pide, sabemos que nos van a dar un café bastante más diluido en agua que un espresso, por ejemplo.


De hecho, cualquiera que se haya tomado un café en una gasolinera de Estados Unidos sabe que hay diferencias importantes entre un café americano y un café estadounidense. Aunque el estadounidense normalmente sea café americano.


Hasta la razón de que tanta gente venga a vivir a este país es, precisamente, el "sueño americano". Nadie habla del sueño estadounidense. De hecho, lo digo en voz alta y me suena mal.


Quería hacer estas reflexiones porque el tema ha aparecido varias veces en los comentarios de los lectores de este blog.


Para decirles que, a pesar de que soy muy cuidadoso en la elección de las palabras, puede ser que alguna vez diga americano donde alguien creería que lo correcto es estadounidense.


Y también que, a veces, decir americano está plenamente justificado. Aunque algunos se molesten.