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de
Julio
Español de la calle, español de la casa
Por: José Baig

En la tarea semanal de explorar temas interesantes para esta columna, me encontré con dos cosas que me llamaron la atención. Una tiene que ver con el español que hablamos en la calle. La otra, con el que hablamos en la casa.
Ya hemos dicho otras veces que al vivir en Estados Unidos y estar en contacto con personas que hablan otras modalidades de nuestra lengua, es más o menos inevitable utilizar palabras en inglés.
Este uso de palabras en inglés va desde la inserción moderada de un vocablo aquí y otro allá, hasta la mezcla sólida de las dos lenguas. Lo que los expertos llaman el spanglish.
Precisamente sobre ese tema, leí en la columna "Ask a Mexican" (Pregúntale a un mexicano), de Gustavo Arellano, una pregunta y un comentario que intenta aclarar por qué los latinos terminamos hablando spanglish.
Una madre latina, por ejemplo, le grita a su inquieto retoño: "¡Jerry, be careful with the window, que te vas a caer, honey!".
La pregunta que le hacen a Gustavo en su entrega del 15 de mayo de este año es si otras comunidades de inmigrantes mezclan su idioma y el inglés de la misma manera que lo hacemos nosotros.
Gustavo empieza por aclarar que no cree en los custodios de Cervantes. Y explica que el spanglish es la prueba de que los idiomas están vivos y de que la cultura de los inmigrantes puede no sólo adaptarse sino también crecer y hasta enriquecer al país anfitrión.
Agrega que este aporte de los llegados de otros países es lo que hace que la cultura y el idioma de los Estados Unidos sean tan dinámicos.
Finalmente Gustavo Arellano recomienda tres libros: The American language (El idioma estadounidense) y How the Irish invented slang (De cómo los irlandeses inventaron la jerga urbana), de H.L.Mencken, y la nueva edición de Ask a Mexican, de su autoría.
No conozco el trabajo de Mencken, pero tengo la primera edición de Ask a Mexican y me animo a recomendarlo. Van a aprender mucho de cultura mexicana y latina en los Estados Unidos y, además, se van a divertir bastante.
Hasta aquí el español de la calle.
Sobre el español de la casa, quería contarles que esta semana me enteré de que el español que hablamos en casa se puede convertir en créditos académicos en casi tres mil universidades de Estados Unidos.
Se trata de un programa que existe desde hace varios años y que consiste en que los hijos de padres inmigrantes, los inmigrantes mismos, o cualquier otra persona que crea dominar el idioma, pueden demostrar sus conocimientos de español mediante un examen y recibir créditos como si hubiesen cursado la asignatura.
Se llama College Level Examination Program, es decir, Programa de evaluación a nivel universitario. CLEP, para los amigos más cercanos.
El CLEP concede un máximo de 12 créditos académicos a los estudiantes que obtengan una nota igual o superior a 66 puntos sobre un total posible de 80. La prueba dura unos 90 minutos.
¿Cuál es el pero? El pero es que sí, que cualquiera que cree saber español puede tomar el examen, pero -el nombre lo dice- el español que se evalúa tiene que ser de nivel universitario.
Es decir, el estudiante tiene que ser capaz de comprender e interpretar textos en nuestro idioma que tienen la complejidad de un artículo científico o una tesis de grado.
Ya les hablé alguna otra vez de una prestigiosísima académica de Nuevo México que no se atreve a usar su español en la universidad porque es el que aprendió en casa. Es decir, mucho más básico que el que puede manejar un universitario.
La prueba CLEP la han presentado 6 millones de personas en los 40 años de existencia del programa. Me imagino que alguna de ellas comprobó personalmente que para entrar a la univeridad no es suficiente con el español de casa.
Lo interesante es que este programa puede ser un estímulo para que los padres que intentan criar a sus hijos en un ambiente bilingüe tomen en cuenta que desarrollar un buen español, tiene que ir mucho más allá de las conversaciones de todos los días.







